
El mundo está atravesando una profunda transformación demográfica que afectará a las economías, sociedades y la geopolítica en las próximas décadas. Es urgente que abordemos las consecuencias de la disminución en las tasas de fecundidad y el envejecimiento de la población. Este cambio presenta tanto grandes desafíos como oportunidades que requieren nuestra atención y acción inmediata.
Por qué esto importa ahora
A lo largo de la mayor parte de la historia, la población ha crecido de manera constante. Sin embargo, en la actualidad, dos tercios de la humanidad reside en países donde las tasas de fecundidad son inferiores al nivel de reemplazo de 2.1 hijos por familia. Se estima que para el año 2100, algunas economías importantes verán una disminución de su población entre un 20% y un 50%. Este declive demográfico sin precedentes tendrá un impacto significativo en áreas tan diversas como el crecimiento económico, la innovación y las dinámicas geopolíticas.
Ya estamos viendo los primeros efectos del envejecimiento de la población, como la escasez de mano de obra, la presión sobre los sistemas de pensiones y los cambios en los mercados de consumo, especialmente en países como Japón que están a la vanguardia de este fenómeno. Sin embargo, la verdadera magnitud de este tsunami demográfico aún está por enfrentarse. Las decisiones que tomemos en este momento serán clave para determinar si lograremos navegar exitosamente por esta transición o si, por el contrario, nos enfrentaremos a graves crisis económicas y sociales.
La magnitud del desafío
El cambio demográfico que estamos presenciando es sorprendente:
Las poblaciones en edad laboral están disminuyendo rápidamente en las economías avanzadas y en China. Se anticipa que la proporción de personas de entre 15 y 64 años caerá del 67% actual al 59% para 2050 en estas regiones.
Asimismo, la razón de apoyo, que es la cantidad de personas en edad laboral por cada jubilado, está en caída libre. En Europa Occidental, se prevé que esta cifra disminuya de 3.4 en la actualidad a solo 2.0 para el año 2050.
Además, las diferencias en el consumo de los adultos mayores están aumentando drásticamente. En EE. UU., la brecha promedio entre el consumo de un adulto mayor y su ingreso es de 60,000 dólares anuales.
Por último, las tasas de fecundidad han caído por debajo del nivel de reemplazo en muchas partes del mundo, incluidas economías emergentes como Brasil (1.6) e India (1.98).
Las repercusiones económicas son significativas. Análisis de parte del McKinsey Global Institute indican que los desafíos demográficos podrían disminuir el crecimiento anual del PIB per cápita en un 0.4% en promedio en las economías avanzadas hasta el año 2050. Aunque esto puede parecer un impacto menor, se va acumulando con el tiempo, resultando en niveles de vida considerablemente más bajos.
Desafíos clave que debemos abordar
Crecimiento de la productividad: Para mantener la expansión económica con un menor número de trabajadores, es esencial aumentar significativamente el crecimiento de la productividad. La mayoría de los países deben, al menos, duplicar sus recientes tasas de crecimiento en este ámbito.
Participación en la fuerza laboral: Promover carreras laborales más largas y una mayor inclusión de las mujeres en el mercado laboral es fundamental, aunque esto no será suficiente por sí solo para contrarrestar las presiones demográficas.
Migración: Si bien un aumento en la migración puede ofrecer beneficios a corto plazo, el volumen necesario probablemente será políticamente inviable para muchos países.
Sostenibilidad fiscal: Los sistemas de pensiones y de salud están bajo una gran presión. Sin reformas, los déficits y la deuda pública aumentarán considerablemente.
Equidad intergeneracional: Es importante lograr un equilibrio justo entre el apoyo a una población envejecida y la no sobrecarga de las generaciones más jóvenes.
Un llamado a la acción
El cambio demográfico no es un desafío del futuro; está ocurriendo en el presente. Es crucial que tomemos medidas urgentes por parte de los responsables de políticas, líderes empresariales y la sociedad en su conjunto:
Los gobiernos necesitan reformar los sistemas de pensiones, realizar inversiones significativas en infraestructura e investigación y desarrollo que aumenten la productividad, y crear políticas que apoyen a las familias y promuevan el trabajo a largo plazo.
Las empresas deben adaptarse a una fuerza laboral y a consumidores de mayor edad, invirtiendo en automatización, ofreciendo modalidades laborales flexibles y desarrollando nuevos productos y servicios dirigidos a las personas mayores.
Los individuos deben prepararse para tener vidas laborales más largas, priorizando el aprendizaje continuo y ahorrando más para una jubilación prolongada.
La sociedad debe entablar conversaciones difíciles sobre las estructuras familiares, las responsabilidades de cuidado y la inmigración para dar forma a nuestro futuro demográfico.
Aunque los desafíos son enormes, también lo son las oportunidades si actuamos con determinación. Al adoptar nuevas tecnologías, repensar el trabajo y la jubilación, y promover una longevidad saludable, podemos construir un futuro más próspero y equitativo para todas las generaciones.
La transformación demográfica es inevitable. La forma en que respondamos a ello depende de nosotros. Es el momento de actuar, y es ahora.
Fuente: Dependency and depopulation? Confronting the consequences of a new demographic reality